UN SISTEMA CON EL QUE LLAMES
POR TELÉFONO QUE FUNCIONA.
Esto empieza así:
Hace mucho tiempo buscaba una formación, un curso que me ayudara en mi trabajo de venta telefónica.
Me apunté a un curso de ventas para aprender más y ver cómo lo hacían otros.
Aprendía mucho, sí. Pero no encontraba la formación especial que yo pedía a gritos, que yo pensaba que me faltaba.
Hasta que un día, me di cuenta mientras examinaba detenidamente mi trabajo y lo que hacía, que yo ya tenía en mi cabeza todo el conocimiento de esa formación que yo buscaba.
Los años que llevaba haciendo lo que hago, ya me habían dado el sistema que buscaba.
El producto lo tenía en el patio de mi propia casa.
Lo que estaba buscando fuera; lo que creía que necesitaba, ya lo tenía. Sólo había que darle forma.
Y así fue como preparé mi primer taller.
Y lo probé para un grupo de emprendedores.
Un taller con mi sistema que me trajo mi primer cliente.
Un taller, que podría decir que gustó mucho, pero eso no dice nada.
Lo que de verdad habla del taller, es que después de aquello, tuve mi primer cliente.
Lo que tenía en mis manos era un sistema que funcionaba y que convirtió a mi primer cliente en un fanático del teléfono, con hambre de prospectar nuevos clientes.
Con este taller, pude corroborar que el teléfono sigue siendo la herramienta más rápida, barata y que mejor funciona para conseguir clientes por un tubo.
El teléfono NO ha pasado de moda. Sigue funcionando para prospectar clientes y facturar más.
Después de aquel taller, a pesar de ganar dinero con ese cliente y de demostrar que descolgar el teléfono es una mina de oro… surgió un dilema que me agobió mucho.
Yo no quería vender formación.
No.
No me quería convertir en “un curso más”.
De esos que te enseñan cuatro técnicas infalibles y ya.
O peor, de esos que compras y no haces.
No quería alumnos que se sentaran a estudiar y tomar apuntes.
Que tuvieran que seguir un guión establecido como los que reparten en las compañías chungas de seguros.
Que tuvieran que recitar como papagayos, con una voz que no es la suya.
Forzados a decir “espero no molestarte”, o “¿me atiendes un segundín?”…
No.
Porque eso no funciona.
Yo quería algo más.
Porque llevo años trabajando en ello y he conseguido transmitir que lo que hago es la punta de lanza de cualquier departamento comercial.
Y eso es lo que quería para todo aquel que comprara mi formación.
Me enfoqué en crear un sistema que transformara.
Porque la única forma de mejorar de verdad no es haciendo más cursos.
Es llamando cada día a tus prospectos.
Sí, a esa lista que tienes esperando en tu ordenador.
Cada día, sin excepción.
Un sistema que te pedirá a gritos levantar el teléfono cada día.
Para que, cuando termines mi programa, seas una persona diferente.
No por lo que hayas aprendido conmigo, que será mucho.
Sino por el cambio de mentalidad.
Porque serás un vendedor que nunca más dirá que no a la prospección de su negocio.
Porque siempre querrás un teléfono cerca.